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Se tienen noticias de Can Piqué desde el siglo XVII, cuando los cultivos que rodeaban la masía eran dedicados a la viña y la huerta de regadío. Toda la familia cuidaba la tierra, limpiaba el bosque y comercializaba el vino y los productos de la huerta.

José, Rosa y la tía Montserrat convinieron que, en lugar de llevar el vino a la cooperativa, les sería más rentable vender en porrones en la masía, y fue así que tal nació el merendero de Can Piqué.

Llegada la fiesta de San Pedro, el 29 de junio, cada año se celebraba en los alrededores de Can Piqué la fiesta mayor de Reixac y Vallençana.Los domingos por la tarde, cuando empezaba el calor, se hacía baile con una gramola y una vez al mes tocaba una Orquestrina.

De estos encuentros ballaruques salieron parejas de jóvenes, y muchas más adelante, se casaron.

Cuando ya hacía frío, poca gente llegaba al merendero, y entonces, el señor José hacía de peón de caminos cuando no curtir pieles. 1948 se obtuvo el permiso oficial para normalizar el Can Piqué bar-restaurante. A continuación se construyó un cobertizo de brezo seco y de uralita para poder atender a la clientela que iba a comer.Entonces, comenzaron a celebrar banquetes para bodas en días laborables, como era costumbre en aquellos tiempos.

Por la noche, José subía a hombros barras de hielo desde la fábrica de hielo de Moncada, ya que de día con el calor no habría llegado tal como es, y así, al día siguiente, el vino, el cava y demás bebidas estaban frescas de verdad. También Carrete a pie desde Montcada todos los víveres, bebidas y utensilios para poder atender bien la clientela. Más adelante, esta pesada trabajo la hacía encima del burrito que le dejaban los de Can Riera.

Luego el burrito arrastrar una carretilla, y más adelante en José alquilaba los servicios de un taxi, aunque el camino de bajada lo hacía a pie. Hasta que, forzado por clientes del restaurante de la empresa Seat, José se decidió a hacer el transporte con un seiscientos.Van pasando los años y en José y Rosa llevan adelante el negocio con la ayuda de las dos hijas, Isabel , la Gloria y más tarde de Rafael.

Desgraciadamente, la Rosa se queda viuda del buen José y es Isabel y Rafael quien empujan la obra comenzada en 1948, modernizando, ampliando y transformando poco a poco aquel viejo merendero en el acogedor y casero restaurante de hoy. Los hijos de Isabel y Rafael, que ya ayudan a los padres entre estudios y prácticas de hostelería, son los pilares de la continuidad de Can Piqué.